Arte rupestre en la Tierra de Arnhem (Austràlia)
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![]() recorrido por una de las tradiciones artísticas más longevas y continuas de la historia de la humanidad: el arte rupestre de la parte occidental de la Tierra de Arnhem. Con esta muestra se dará a conocer la riqueza y los múltiples niveles de interpretación del arte rupestre de los Aborígenes australianos, así como su relación con la sociedad y con la cultura Aborigen. La parte occidental de la Tierra de Arnhem conserva una de las tradiciones rupestres pintadas más longevas y continuas de la historia de la humanidad. A través de esta exposición descubriremos su riqueza y complejidad, y su relación con la tradición, el paisaje, la sociedad y la cultura Aborigen.Esta tradición artística no solo engloba imágenes de gran belleza, sino que constituye una singular pinacoteca al aire libre que alberga un archivo visual extraordinario que recoge la evolución y la historia de estas poblaciones, y los cambios medioambientales de sus territorios. Los Aborígenes definen el arte como una puerta de entrada a la cultura, utilizada durante miles de años para transmitir sus tradiciones y creencias de generación en generación. En contextos seculares o públicos, es un complemento visual para formar a las nuevas generaciones o ilustrar historias a los niños. En contextos sagrados, como en los ritos de iniciación, se utiliza para una enseñanza más formal que solo los iniciados tienen derecho a recibir. Para las Aborígenes, el arte rupestre es un relato visual del tiempo de la creación, aunque también incluye imágenes
cotidianas. Tanto el arte como las creencias y las prácticas socioculturales vinculadas a él (ceremonias, danzas,
relatos y canciones) se funden bajo el concepto de Djang, palabra local que se traduce vagamente en inglés como
Dreaming (Tiempo de los sueños). El Djang hace referencia a las creencias, valores y sistemas de conocimiento que
articulan la vida social de estos grupos, y que unen pasado y presente. Durante el pasado ancestral, las primeras
gentes o ancestros creadores, conocidos como Nayuhyunggi, recorrieron el territorio modelando el paisaje y creando
vida a su paso. También crearon a la población, así como sus lenguas, leyes y prácticas socioculturales y religiosas.
Al finalizar la creación, estos seres no desaparecieron, sino que se mimetizaron con el paisaje bajo la forma de
rocas, ríos, árboles o incluso pinturas rupestres. Hoy, esos lugares sagrados mantienen su poder y en ellos perviven
los espíritus ancestrales. Los Aborígenes deben proteger y mantener esos lugares a través de ceremonias, canciones,
danzas y también del arte rupestre, para conservar sus poderes y garantizar la supervivencia de todos los seres vivos.
Solo a través de la plena comprensión del Djang, que van adquiriendo de forma gradual a lo largo de la vida, se
garantiza la supervivencia de los grupos humanos. |
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Imágenes exposición |
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El arte rupestre que reescribe nuestra historia El espectacular hallazgo de pinturas rupestres en el NW de la Tierra de Arnhem (Norte de Australia) lleva a los investigadores a replantearse ciertas cuestiones de la historia del país.
los arqueólogos y antropólogos quedaron atónitos cuando descubrieron que un gran mural con pinturas rupestres indígenas,
con más de 1500 figuras, relataba la historia de los contactos entre los aborígenes y los pueblos venidos de fuera.
Allí aparecían desde los macasianos (pueblo de la zona de las islas Célebes que fueron, durante muchos siglos, hasta
el norte de Australia a pescar) hasta vapores europeos del siglo XIX e incluso barcos de guerra de la Segunda Guerra
Mundial.En el panel estas figuras contemporáneas comparten protagonismo con otras, fechadas hace 15.000 años. Aquéllas nos permiten seguir la llegada a Australia de innovaciones tecnológicas como el avión, la bicicleta, el coche o el rifle, así como representaciones de ministros de la iglesia, capitanes de barco o mercaderes. Esta versión indígena de un libro de historia no tiene parangón en el mundo y puede ser la clave para reinterpretar la historia australiana. El descubrimiento lo realizaron cinco científicos de la Griffith University en el transcurso de una expedición para estudiar el abrigo de Djulirri. Uno de ellos, el arqueólogo Paul Tacon, recalcó la importancia internacional del descubrimiento, sin precedentes por la forma, la técnica y las nuevas perspectivas que abre en el tema de los contactos entre los aborígenes australianos y el resto del mundo. En contra de la visión clásica del aislamiento de los indígenas australianos antes de la llegada de los británicos hace dos siglos, estas pinturas rupestres nos cuentan los contactos con pueblos pescadores del SE asiático y de la China que comerciaron con productos de la zona, sobre todo con el trepang, el pepino de mar. Se sabía ya que los marcasianos establecieron lazos comerciales a principios del siglo XVIII, pero los investigadores creen ahora que esto sucedió varios siglos antes. Este hallazgo de arte rupestre desmiente la idea de que Australia fue un lugar al que los británicos llegaron los primeros, es decir, que el hallazgo cuestiona el concepto del Bicentenario y de Australia como isla de los condenados declaró otro de los miembros de la expedición, el Dr Alistair Paterson, de la University of Western Australia.
El primer experto en arte rupestre que visitó el abrigo de Djulirri fue George Chaloupka hace poco más de treinta años.
Pero la localización exacta del lugar se perdió hasta que Daryl Guse, un doctorando de la Australian National University,
pudo volver a encontrarlo gracias a la ayuda de uno de los viejos aborígenes de la zona, Ronald Lamilami.Pero esta zona de la Tierra de Arnhem contiene muchos otros conjuntos de arte rupestre ya conocidos. La expedición que descubrió Djulirri formaba parte de un programa nacional, de tres años de duración, para descubrir evidencias de los primeros contactos con los aborígenes. Pero investigadores de la Griffith University como la arqueóloga Sally May también pusieron de relieve el peligro que corren estas manifestaciones rupestres; el turismo empieza ya a llegar a la zona de Wellington Range, y los visitantes están dañando uno de los conjuntos más importantes, el de Malarrak. Además, el área contiene uranio, buscado por compañías mineras que prospectan con intensidad. Haría falta un programa nacional que asegurase la integridad de los yacimientos y una gestión y protección adecuada de los mismos. |