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EL CENTRO DE UN GRAN IMPERIO
La ciudadela de Angkor Thom llegó a hospedar un millón de personas, aunque las viviendas han desaparecido. Además de Bayón, que ocupa el centro del enclave y cuyos ricos bajorrelieves de la vida cotidiana de Camboya no tienen nada que envidiar a los de Angkor Wat, quedan otras interesantes construcciones, como la pirámide escalonada de Baphuon, de 43 metros de altura, que ofrece una buena panorámica de la zona; en su muro trasero hay un buda reclinado de 60 metros de largo que ilustra el nirvana final de Buda en el momento de morir. También son notables la terraza del Rey Leproso, que supuestamente sirvió de crematorio real, y la terraza de los Elefantes, una gigantesca plataforma para ceremonias públicas y desfiles.
El libro póstumo del explorador francés Henri Mouhot, Viaje a los reinos de Siam, Camboya y Laos, desató una auténtica fiebre por conocer los templos que él redescubrió en 1860. Siglo y medio después, la película Tomb Raider, basada en una famosa serie de videojuegos, empuja a millones de turistas a comprobar cómo la selva ha engullido el templo de Ta Prohm. Raíces gigantescas abrazan los edificios como si fueran de juguete, sus espectaculares tentáculos se funden con la construcción creando formas oníricas. Durante siglos Angkor fue un espacio reservado únicamente al culto, pero Jayavarman VII construyó en 1186 este monasterio con celdas para centenares de monjes.
Si en Ta Prohm la jungla se ha adueñado de la obra de los hombres, en Kbal Spean (40 kilómetros al nordeste) los jemeres mostraron su sincretismo con las fuerzas telúricas esculpiendo el lecho del río, al que se conoce como de "las mil lingas" por los órganos sexuales masculinos tallados en el cauce. También aparecen representaciones de los femeninos para invocar la fertilidad, y a lo largo del curso hay varias tallas de Vishnú y Shiva con su esposa Parvati.
Todo Angkor está inmerso en una exuberante naturaleza. Las lluvias monzónicas alimentan a líquenes y plantas que se extienden con voracidad por la zona. Restauradores e investigadores se encargan desde los tiempos de Mouhot de mantener a raya tanto a las plantas como a los macacos y a los ladrones de antigüedades que tanto daño han hecho a este bellísimo conjunto arquitectónico. Para asegurar su protección, muchas esculturas han sido enviadas al museo de Siem Reap, la moderna ciudad a la que pertenecen estos templos declarados Patrimonio de la Humanidad en 1992.

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