|
La NASA llega a Bennu, el asteroide que puede chocar con la Tierra La misión OSIRIS-REx se aproximará a la roca esta tarde y la «rondará» durante un año antes de tomar una muestra y traerla a nuestro planeta El primitivo objeto esconde importantes secretos sobre el origen de nuestro Sistema solar ![]() El asteroide Bennu, en una fotografía de superresolucion tomada por OSIRIS-REx el pasado 29 de octubre a 330 kilómetros - NASA / Goddard / Universidad de Arizona Después de dos años de viaje, la nave OSIRIS-REx de la NASA se reunirá esta tarde (3 de diciembre) con Bennu, un asteroide primitivo del tamaño del Empire State Building de Nueva York. La sonda tiene como objetivo recolectar una muestra de la roca espacial y traerla a la Tierra, algo para lo que se tomará su tiempo, ya que pasará casi un año realizando observaciones antes de decidir de dónde «robarle» un pedazo. El objetivo científico de la misión es triple: por un lado, Bennu es considerado potencialmente peligroso para nosotros por su cercanía y tamaño, así que resultaría muy tranquilizador conocer bien su trayectoria. Por otro, es tan antiguo que puede desvelar muchos secretos sobre los orígenes del Sistema Solar. Además, los investigadores quieren saber si sus recursos minerales y su contenido en agua pueden ser explotados en el futuro.
OSIRIS-REx se aproxima a
Bennu - NASAOSIRIS-REx, un artefacto de seis metros de largo con sus paneles solares desplegados, se lanzó en septiembre de 2016 desde Cabo Cañaveral (Florida), pero su camino hacia Bennu no ha sido en línea recta. La sonda orbitó el Sol durante un año y entonces, en una colosal maniobra llamada asistencia gravitacional, realizó un cercano sobrevuelo sobre nuestro planeta para utilizar su gravedad como si fuera una honda. El impulso la llevó disparada hacia la roca. En los últimos meses se ha estado acercando a ella lentamente. Sus propulsores han adecuado su velocidad a la de Bennu para facilitar el encuentro. La nave pasará casi un año estudiando el asteroide con cinco instrumentos científicos con el objetivo de seleccionar una ubicación que sea segura e interesante para recolectar la muestra. En este sentido, escaneará su superficie y establecerá su composición, incluida la distribución de sus elementos minerales y orgánicos. En julio de 2020, sin posarse, tocará brevemente la superficie de la roca con un brazo robótico, una técnica llamada «touch and go» (tocar y marchar). El brazo hará contacto durante aproximadamente cinco segundos, durante lo cuales liberará una explosión de gas nitrógeno que agitará la superficie. Hay suficiente gas para permitir tres intentos de muestreo. Entonces, recogerá un mínimo de 60 gramos y un máximo de 2 kilos. La cápsula con el material se sellará y la nave retornará en marzo de 2021, viajará durante dos años y medio y llegará a la Tierra en septiembre de 2023. No aterrizará, sino que se activarán unos paracaídas y la caja con la muestra será lanzada cerca de la ciudad de Salt Lake (Utah, EE.UU.), donde será recogida. Mientras, la sonda se quedará en órbita alrededor del Sol. Posible impacto en el siglo XXII Cuando reciba la muestra, será el equipo de ciencia el que tome el relevo de la misión para catalogarla y realizar distintos análisis. Se trata de un material con un gran valor científico, ya que permanece prácticamente inalterado desde hace 4.500 millones de años, por lo que puede revelar importante información sobre los orígenes del Sistema Solar. Los científicos también tienen interés en conocer cuál es la trayectoria más aproximada de la roca, porque está considerada como potencialmente peligrosa para la Tierra. Se estima que podría pasar cerca de la Tierra, más aún que la Luna, en 2135, y posiblemente incluso más cerca entre 2175 y 2195. La probabilidad de impacto es de una entre 3.000. No es mucha, pero suficiente para requerir que sea vigilada de cerca. Bennu es entre 4.000 a 5.000 veces más masivo que el meteorito que explotó sobre Chelyabinsk en Rusia en 2013, dejando un millar de heridos. La idea de que se nos venga encima resulta inquietante, motivo por el cual tanto la sonda como el asteroide han sido bautizados con nombres de la mitología egipcia relacionados con la vida y la muerte. Osiris es el dios de la muerte y la resurrección, mientras que Bennu es su ave mitológica. La misión también explora la posibilidad de la explotación minera de asteroides de forma comercial, una idea planteada por algunas compañías privadas. Esas rocas pueden ser fuente de minerales raros o incluso combustible para futuras misiones espaciales. Si OSIRIS-REx tiene éxito, puede servir como ejemplo para esos proyectos. No es la primera vez que una nave se dirige a un asteroide para tomar una muestra. Ya lo hicieron antes con éxito las misiones japonesas Hayabusa I y II. La primera logró traer a la Tierra muestras del asteroide Itokawa en 2010 y la segunda, que intentará hacer lo mismo, fue pionera en depositar dos pequeños rovers sobre la superficie del asteroide Ryugu el pasado septiembre. Entonces, ¿qué tiene de especial el viaje a Bennu? «Cada asteroide tiene sus particularidades. Bennu y Ryugu son ambos primitivos, pero su composición y sus propiedades fundamentales no tienen por que ser exactamente las mismas», explica Javier Licandro, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). «Estudiar en detalle dos miembros de la población de asteroides primitivos es fundamental para comprenderla en su conjunto. Por ejemplo, el gran parecido en la peculiar forma de estos dos objetos nos dará una información única sobre los procesos físicos que hacen que sean así», añade. |
|
03/12/2018 - La nave de la NASA ha finalizado un viaje de dos años y se dispone a realizar observaciones científicas en torno a un objeto que podría chocar contra la Tierra en los próximos siglos. ![]() Representación de la sonda OSIRIS-REx llegando a las proximidades de Bennu para reconocer su superficie - NASA/Goddard/University of Arizona Este lunes, una pequeña nave espacial encendió sus motores durante 20 segundos para frenar y quedarse en la estela de un asteroide de medio kilómetro de largo. Después de dos años de viaje y de haber recorrido 3.200 millones de kilómetros, la sonda OSIRIS-REx (de «Origins, Spectral Interpretation, Resource Identification, Security-Regolith Explorer»), de la NASA, llegó por fin al asteroide Bennu. «¡Hemos llegado!», proclamó este lunes Javier Cerna, ingeniero de telecomunicaciones de la misión durante un programa especial de la NASA. A su alrededor, cerca de tres decenas de personas, ingenieros y científicos, arrancaron un alegre aplauso. Los monitores indicaron que la sonda, que está a una distancia de la Tierra que la luz tarda en recorrer siete minutos y próxima a los 129 millones de kilómetros, había finalizado con éxito su maniobra de aproximación a Bennu. De esta forma, arrancó una intensa campaña científica que durará al menos un año. Dicha campaña tendrá como objetivos radiografiar este asteroide, a través de fotografías e imágenes de radar. También se medirá el cabeceo del objeto, para estimar con precisión su gravedad y su masa. Hasta 2 kilogramos de muestras de asteroide Pero el paso clave será la extracción de entre 60 gramos y dos kilogramos de material del asteroide, a través de un brazo robótico, para traerlo a la Tierra. Esto ocurrirá el año que viene cuando un apéndice articulado se posará con suavidad en la superficie de Bennu. Una descarga de gas revolverá los sedimentos y permitirá que queden atrapados en una cámara. ![]() Representación de cómo la OSIRIS-REx se aproximará a Bennu para recoger muestras - NASA
A continuación, la sonda se alejará a una distancia segura, y los sensores verificarán que han «pescado» la suficiente cantidad de material haciendo girar la nave y midiéndola inercia generada en la cubeta. Después, el brazo robótico anclará el receptáculo de las muestras a una cápsula capaz de atravesar la atmósfera de la Tierra. Pasados un par de años, está previsto que los valiosos fragmentos del asteroide aterricen en algún lugar del desierto de Utah (EE.UU.) en torno a septiembre de 2023. Bennu es un fósil de la formación del Sistema Solar. Es crucial para estudiar la evolución de los planetas, puesto que estos nacieron hace unos 4.500 millones de años gracias a la colisión de innumerables fragmentos de rocas, polvo y hielo, algunos similares a este asteroide. Los orígenes de la vida Además, Bennu, cuyo nombre hace honor a un ave mitológica, es un objeto seleccionado por la NASA por su rica composición en moléculas orgánicas, compuestos volátiles y aminoácidos. La «huella dactilar» de estas sustancias que se capte en superficie permitirá estudiar los orígenes de algunas de las que se suelen considerar como semillas básicas de la vida. Además, esta roca, uno de los cerca de 800.00 asteroides que se conocen, es el segundo objeto potencialmente más peligroso para la Tierra, tal como queda establecido según la tabla de riesgo de Palermo. Se acercará en 2135, en 2175 y en 2195, llegando a estar más cerca de la Tierra que la Luna, por lo que resulta fundamental conocer su órbita y naturaleza para poder vigilarlo con la precisión requerida. La OSIRIS-REx es la tercera misión que traerá muestras de un asteroide a la Tierra, por detrás de las misiones japonesas Hayabusa (que trajo restos a la Tierra en junio de 2010) y Hayabusa 2 (que está en curso), pero será la primera de la NASA. Además, los estadounidenses han asegurado que esta será una misión importante por la cantidad de material que se podrá traer, y que será la mayor desde el programa Apollo. De hecho, no solo aseguraron que estos restos serán más valiosos que el oro, sino que serán estudiados durante décadas. Por último, esta vez será la ocasión en la que una nave orbitará el objeto más pequeño hasta la fecha. Tal como dijo Rich Burns, director del proyecto, esto requiere que el control de la sonda sea absolutamente delicado y preciso y que sea capaz de moverse a velocidades comparables a las de un insecto en relación con Bennu. Por ello, los ingenieros de vuelo tendrán que ajustar la órbita teniendo en cuenta nimios empujes causados por la radiación térmica al incidir la luz solar sobre la propia nave. El siguiente paso de la misión será iniciar maniobras en la proximidad de Bennu para comenzar los primeros reconocimientos desde solo unos pocos kilómetros de distancia. Está previsto que el próximo 10 de diciembre la NASA celebre una rueda de prensa para dar a conocer sus últimos hallazgos en el asteroide. |