video de vimeo       ver video 2 - el gran tour 
 
  articulo del diario ABC


Voyager 2, la sonda que nos mostró Neptuno
Se cumplen 25 años de la llegada de la nave de la NASA al lejano planeta, una hazaña que no ha vuelto a repetirse

Neptuno, fotografiado por la Voyager 2 - NASA/JPLGuardarMIGUEL GILARTE FERNÁNDEZ - Almadén De La Plata (Sevilla)26/08/2014 11:44h - Actualizado: 26/08/2014 18:15h.Guardado en: Ciencia
El 25 de agosto de 1989 llegaba la primera nave espacial al lejano Neptuno, la primera y la última hasta el momento. Solo la Voyager 2 ha visitado a Urano y Neptuno. Ni tan siquiera la sonda Nuevos Horizontes, que dentro de once meses llegará a Plutón, ha conseguido acercarse a ninguno de estos planetas gigantes, solo a Júpiter para conseguir mayor impulso y velocidad gracias a la gravedad del coloso planeta.
La Voyager 2 nos enseñó lo nunca visto: Neptuno, el tercer planeta más grande del Sistema Solar tras Júpiter, Saturno y Urano. Un gigantesco mundo azul oscuro de 49.528 Km, unas cuatro veces el diámetro de la Tierra, con una superficie bastante lisa, sin bandas que la crucen como en Júpiter o Saturno o llena de tormentas anticiclónicas por todo el planeta. Nos dejó ver por primera vez la mayor tormenta del Sistema Solar que giraba en su superficie, tras la Gran Mancha Roja de Júpiter, que ahora se empequeñece año tras año.

Aquella sorprendente tormenta en forma huracán que deambulaba por el hemisferio sur del planeta nos dejó a todos atónitos, pero estudios más recientes sobre el gigantesco fenómeno han adelantado que en lugar de tratarse de un anticiclón como la Gran Mancha Roja de Júpiter, pudiera tratarse de un agujero en la superficie, un hoyo. Tengamos en cuenta que Neptuno está compuesto de gases, esencialmente de hidrógeno y helio, también metano, que es donde se desenvolvía ese agujero.
Los vientos que removían a aquella zona oscura del tamaño de la Tierra resultaron ser los más veloces registrados jamás en todo el Sistema Solar, alcanzando los 2.400 km/h. Los vientos más rápidos registrados en nuestro planeta han sido de poco más de 500 km/h en tornados F5. En 1994, cuando el Telescopio Espacial Hubble enfocó a Neptuno, la tormenta o había desaparecido o había sido cubierta por la misma atmósfera del planeta. Un misterio que no quedó resuelto en su totalidad.

La Voyager 2 también nos ofreció bellas imágenes de nubes blancas de metano helado que sobrevolaban la superficie de Neptuno y el “Ojo del Mago”, una tormenta anticiclónica en el hemisferio sur unas cuatro veces más pequeña que la Gran Mancha Oscura, pero curiosa y enorme, con un punto blanco en el centro como si de un gran ojo se tratara.
La sonda no se detuvo en Urano, sino que hizo un sobrevuelo para alejarse después y para siempre del Sistema Solar, pero antes de abandonar a Neptuno, nos hizo ver nuevos mundos: sus satélites, que resultan ser más interesantes que el propio planeta, también como en los casos de Júpiter, Saturno o Urano.
Voyager 2 descubrió cinco de los catorce satélites conocidos de Urano: Náyade, Talasa, Despina, Galatea y Proteo. El más pequeño de ellos es Náyade, un cuerpo irregular de 96×60×52 km y el mayor, Proteo, de 436×416×402 km. No había descubierto los satélites más grandes ni los más pequeños, pero nos dejó ver una sorprendente actividad en uno de ellos, cuando en realidad no se espera encontrar actividad geológica alguna en esos satélites tan alejados del Sol (4.504 millones de km). Se espera ver inmensos mundos de nieve, debido a la bajísima temperatura que reina por aquellos extremos del Sistema Solar, en Neptuno hace -195ºC.
Tritón, el mayor de los satélite de Neptuno, con 2.707 km de diámetro resultó ser el cuerpo más frío del Sistema Solar con -235ºC. Un lugar así tenía pocas posibilidades de tener cualquier tipo de actividad geológica. Pero nos quedamos impresionados. Resultó ser el satélite de las chimeneas. Montones de géiseres oscuros surgían de la superficie, chimeneas que se doblaban a cierta altura por los vientos reinantes. Un mundo helado, pero condicionado por los cambios climáticos.
Tritón posee gran cantidad de nitrógeno, que a esas bajísimas temperaturas resulta ser líquido; en la Tierra es un gas. El nitrógeno en Tritón fluye bajo la superficie como el agua en la Tierra, pero cuando encuentra un orificio de salida, sale como si de un volcán se tratara. Arrasa con la tierra y la grava del terreno y la eleva a varios km de altura produciéndose las chimeneas. Las impresionantes imágenes que reveló la Voyager 2 nos han mostrado el último mundo activo del Sistema Solar. El frío es tan intenso que se forman volcanes de hielo.
Voyager 2 fue lanzada en 1977, aprovechando la posición de los cuatro planetas gigantes y los visitó. Hecho que no ocurrirá en mucho tiempo. La nave viaja a unos 15 km/s, lo que es nada para el espacio interestelar, tardará cerca de 200.000 años en pasar por las “proximidades” de una estrella llamada Ross 248 y lo hará a 1,7 años, casi la mitad de la distancia que separa del Sol a la estrella más cercana, por lo que su paso será en vano para dar con cualquier civilización que se encuentre en el mismo desarrollo que la nuestra en la actualidad. La nave está bastante dañada y algunos de sus instrumentos no funcionan, pero sigue mandando información desde fuera del Sistema Solar.


Miguel Gilarte Fernández es el Director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y Presidente de la Asociación Astronómica de España. El Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata es el mayor centro de divulgación de la astronomía en España. Está abierto para todo el público, que podrá mirar por sus telescopios y utilizarlos, además de desarrollarse gran cantidad de actividades. Zona de turismo estelar.


La nave Voyager 2, muy cerca de salir del Sistema Solar

La sonda de la NASA ha detectado un aumento de los rayos cósmicos, señal de que pronto se adentrará en el espacio interestelar
Voyager 2 - NASA/JPL
Hace más de cuarenta años, cuando ni siquiera existían los ordenadores personales ni internet ni la telefonía móvil, la NASA lanzó al espacio dos sondas gemelas que se han convertido en una leyenda de la exploración espacial. Entonces pocos habrían apostado por que las aparentemente sencillas Voyager pudieran seguir en activo a día de hoy, enviando puntualmente información a la Tierra. Después de un largo viaje en el que han visitado planetas y lunas, estas vetustas sondas son los artefactos humanos que han llegado más lejos. En agosto de 2012, la Voyager 1 lograba algo inédito al salir del Sistema Solar para adentrarse en el oscuro espacio interestelar. Ahora, su compañera, situada a 17.700 millones de kilómetros de la Tierra (más de 118 veces nuestra distancia al Sol) está también muy cerca de cruzar esa última frontera.
Desde 2007, la Voyager 2 viaja a través de la capa más externa de la heliosfera, la vasta burbuja que rodea el Sol y los planetas dominada por el material solar y los campos magnéticos. Una vez que la Voyager 2 salga de la heliopausa (la capa externa de la helioesfera donde la radiación solar se encuentra con la que procede de otras estrellas), obtendrá el título de segundo objeto creado por el hombre en ingresar al espacio interestelar.
Los investigadores del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA sospechan que esto está cerca de ocurrir porque la Voyager 2 detectó a finales de agosto un aumento en los rayos cósmicos que se originan fuera de nuestro Sistema Solar. En concreto, las partículas del espacio profundo que impactan en la nave han aumentado un 5% en comparación con principios del mismo mes.
Los rayos cósmicos son partículas de rápido movimiento que se originan fuera de nuestro sistema. La heliosfera bloquea algunos de ellos, por lo que los planificadores de la misión esperan que la Voyager 2 mida un aumento en la tasa de rayos cósmicos a medida que se acerca y cruza el límite de esa colosal burbuja.

Este gráfico muestra la posición de las sondas Voyager 1 y Voyager 2 en relación con la heliosfera, una burbuja protectora creada por el Sol que se extiende más allá de la órbita de Plutón. La Voyager 1 cruzó la heliopausa, o borde de la heliosfera, en 2012. La Voyager 2 aún se encuentra en la parte más externa de la heliosfera.

Una salida distinta

En mayo de 2012, la Voyager 1 experimentó un aumento en la tasa de rayos cósmicos similar al que está detectando la Voyager 2. Eso fue aproximadamente tres meses antes de que cruzara la heliopausa y entrara en el espacio interestelar.
Sin embargo, los miembros del equipo Voyager señalan que el aumento de los rayos cósmicos no es un signo definitivo de que la sonda esté a punto de atravesar la heliopausa. «La Voyager 2 está en una ubicación diferente a la de la 1, por lo que puede experimentar una línea de tiempo de salida distinta», explican.
El hecho de que la Voyager 2 pueda acercarse a esta frontera seis años después de su gemela también es relevante, ya que la heliopausa se mueve hacia adentro y hacia afuera durante el ciclo de actividad de once años del Sol.
«Estamos viendo un cambio en el ambiente alrededor de la Voyager 2, de eso no hay duda», asegura Ed Stone, científico del proyecto en el Instituto de Tecnología de California (Caltech) en Pasadena. «Vamos a aprender mucho en los próximos meses, pero aún no sabemos cuándo llegaremos a la heliopausa. Aún no hemos llegado, eso es algo que puedo decir con confianza», señala. Poco falta para alcanzar el «más allá» espacial.