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«La solución al Manuscrito Voynich». El artículo de Nicholas Gibbs publicado recientemente en el Times Literary Supplement prometía. Con sus desconcertantes dibujos de mujeres desnudas inmersas en alguna mezcla o rodeadas de tubos y chimeneas, sus ilustraciones astrológicas o de plantas no identificadas y el enigmático idioma en que fue escrito en el siglo XV, el manuscrito Voynich está considerado como «el más misterioso» del mundo. Historiadores, criptógrafos, lingüistas, filólogos, investigadores aficionados de todo tipo de disciplinas... incluso la CIA ha intentado descifrar su contenido. Sin ningún éxito, hasta la fecha. De ahí el enorme interés que despertó la noticia de que alguien había logrado romper el enigmático código. Aunque fuera la enésima teoría que pretende resolver el misterio. Gibbs, que se presenta como investigador de Historia, sostiene que el manuscrito que actualmente se conserva en la Beinecke Library de la Universidad de Yale (EE.UU.) es un tratado médico sobre la salud de las mujeres escrito en una versión abreviada de latín medieval. La obra habría contado con un índice de abreviaturas, precisamente entre las hojas hoy perdidas.

Ilustración del manuscrito Voynich- ABC
El investigador cuenta que hace tres años recibió el encargo de una productora de televisión para analizar el misterioso libro y descubrió en él formas comunes de abreviaturas latinas medievales, semejantes a las que se pueden encontrar en antiguas guías médicas. «Las abreviaturas corresponden al patrón estándar de las palabras utilizadas en el Herbario Apuleius Platonicus - aq = aqua (agua), dq = decoque / decoctio (decocción), con = confundo (mezcla), ris = radacis / raíz aiij = seminis ana iij (3 granos cada uno), etc», señala. El idioma «voynichés» sería en realidad un escrito taquigráfico en lengua latina que a cualquier interesado en la medicina de aquel tiempo le habría resultado familiar. Descubrió además que algunas imágenes del Manuscrito Voynich habían sido copiadas de otros libros médicos medievales, como el Trotula o De Balneis Puteolanis, de Pietro da Eboli.
Las ilustraciones de mujeres tomando baños, que solían ser prescritos por los médicos antiguamente, le llevaron a concluir que se trataba de un manual ginecológico. Los mapas del zodiaco habrían sido incluidos porque se creía que algunas terapias resultaban más efectivas bajo determinados signos astrológicos.
Múltiples teorías
La teoría de Gibbs corrió como la pólvora por las redes sociales. ¿Se había resuelto el enigma? Desde que el coleccionista y librero polaco Wilfrid Voynich compró este raro manuscrito a los jesuitas de Villa Mondragone en 1912, se ha asociado a la figura del matemático y químico Rober Bacon, a Leonardo da Vinci o a algún miembro de la corte de Bohemia del excéntrico Rodolfo II, sobrino de Felipe II y primer propietario conocido del libro. Lo heredó su farmacéutico Jacobus Sinapius, el primero que intentó traducir este galimatías al que seguirían tantos otros, como William Newbold, condecorado por descifrar mensajes de los espías durante la Primera Guerra Mundial, o el afamado criptógrafo William Friedman, uno de los fundadores de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA).
Investigadores de la Universidad de Manchester, dirigidos por el físico Marcelo Montemurro, hallaron indicios de que habría sido redactado en una lengua europea «oscurecida» mediante un algoritmo que desplaza letras individuales. Otras teorías lo han relacionado con secretos de los gremios de artesanos de Milán para la producción del vidrio o la elaboración de venenos. Hasta se ha relacionado con el alfabeto eslavo gaglolítico, con el rongorongo de la isla de Pascua o con un dialecto extinto del azteca nahúati.
El profesor británico de la Universidad de Bedfordshire Stephen Bax logró descifrar diez palabras del misterioso libro en 2014. Junto a un dibujo de unas estrellas que parecen ser las Pléyades identificó la palabra «Taurus» y los términos «cilantro» o «enebro» junto a los dibujos de las plantas correspondientes. Su investigación demostraba que el manuscrito no era un engaño. «Probablemente es un tratado sobre la naturaleza, tal vez en un lenguaje asiático o de Oriente Próximo», concluía Bax.
Escepticismo entre los eruditos
La explicación de Gibbs, mucho más sencilla, parecía plausible... ¿o no? John Overholt, conservador de la biblioteca de Houghton de Harvard, pronto mostró sus reticencias en Twitter: «No estamos comprando esta cosa de Voynich, ¿verdad?». Poco después, Lisa Fagin Davis, directora de la Academia Medieval de Estados Unidos, también criticó en The Atlantic la teoría asegurando que si se hubiera remitido el artículo a la Beinecke Library «lo habrían refutado en un instante».
«El desarrollo de su contenido es decepcionante», a juicio del experto en latín medieval Juan Francisco Mesa-Sanz. Este profesor de la Universidad de Alicante encuentra hasta seis razones por las que desconfía de la hipótesis de Gibbs, que «dedica más espacio» a la autobiografía del autor y a su relación con el manuscrito «que al supuesto desciframiento».
«Presenta como descubrimientos propios (relación con tratados médicos, herbarios, etc) lo que la bibliografía científica y aficionada ya había afirmado», destaca Mesa-Sanz. También la posibilidad del empleo de abreviaturas asociadas a la lengua latina medieval había sido apuntada, añade.

Manuscrito Voynich- WIKIPEDIA
El experto en latín medieval critica que la demostración de Gibbs se limite a descifrar dos líneas «cuyo resultado en lengua latina resulta prácticamente incomprensible», cuando de la decodificación de documentos diplomáticos antiguos resulta «siempre» un mensaje coherente y con sentido. «Tampoco es equiparable al lenguaje empleado en los tratados médicos, botánicos o astrológicos medievales que se han sugerido como posibles fuentes del manuscrito Voynich».
Gibbs da por hecho que entre las hojas perdidas del mutilado manuscrito se encontraría el «index» con las claves para interpretar las abreviaturas, cuando «esto es sustentar una hipótesis sobre otra que, además, es indemostrable» y además «poco congruente». Si se escribió en un lenguaje cifrado para evitar su lectura a cierto público, no tiene sentido ofrecer las herramientas para descifrarlo en el mismo manuscrito.
Dos líneas traducidas
Además, no se anuncia la publicación de ningún trabajo más extenso y elaborado que aplique su hipótesis a todo el manuscrito, algo «esencial» para poder comprobar sus posibilidades. «Hasta que los resultados no sean definitivos, con un aporte mayor de datos fehacientes (índices, traducción completa...), no se puede dar por concluyente la solución aportada por Gibbs», subraya Juan Carlos Galende, profesor del departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Complutense.
El autor del libro «Criptografía. Historia de la escritura cifrada», se muestra «escéptico» con la solución aportada por Gibbs, aunque la idea de que el Manuscrito Voynich sea un tratado médico tampoco es nueva. «Últimamente los especialistas se inclinan a pensar que estamos ante un manual de medicina redactado durante el periodo bajo medieval (siglo XV)», apunta Galende.
Jorge Dávila, director del Laboratorio de Criptología de la Universidad Politécnica de Madrid, cree que «no se puede tomar en serio» una teoría que solo presenta dos líneas supuestamente traducidas. «Independientemente de qué formación o capacidades pueda tener el autor de la pretendida solución, lo que está claro es que la solución debe serlo de todo el Manuscrito y no solo de un par de líneas», subraya.
Las conjeturas hechas a raíz de los dibujos, que son una parte muy significativa de la obra, pueden apuntar a un discurso «posible, pero no necesariamente cierto». Por eso Dávila considera que no se puede considerar el problema resuelto «mirando solo a los dibujos e interpretándolos de una manera no contrastable». Esta teoría, aventura el experto en criptología, «pasará sin pena ni gloria al olvido» como otras muchas.
A juicio de Mesa Sanz, «Nicholas Gibbs ha contribuido a sembrar demasiadas dudas sobre la solvencia de su hipótesis». La solución para el manuscrito Voynich «todavía está lejos de conseguirse», asegura. Desde hace años está escaneado a alta resolución, a disposición de todo el que se anime a intentarlo.


Descifran el Códice Voynich, el «Santo Grial» de la criptografía histórica

Según un académico de la Universidad de Bristol, el manuscrito medieval estaría escrito en un lenguaje extinto anterior a las lenguas romances
ABC Ciencia 17/05/2019 21:20h


El libro de Voynich - Manuscrito Voynich
Se le considera el «Santo Grial» de la criptografía histórica porque desde su descubrimiento para los investigadores a principios del siglo XX, intento tras intento de saber qué eran los símbolos y variopintos dibujos de su interior, todos han resultado fallidos - incluidos los de la CIA y de la inteligencia artificial-. Hasta ahora. El indescifrable Códice Voynich, que los expertos datan a principios del siglo XV, ha sido descodificado por un académico de la Universidad de Bristol (Reino Unido) que «con ingenio y pensamiento lateral» ha averiguado que está escrito en una lengua extinta anterior a las lenguas romances. Y solo ha necesitado dos semanas.
Gerard Cheshire, investigador asociado de la citada universidad, es el autor de un estudio revisado por pares en la revista «Romance Studies». En su artículo Cheshire describe cómo descifró con éxito el códice del manuscrito y señala que se trata del único ejemplo conocido de la lengua anterior a las lenguas romances -de las que luego se derivarían el español, el portugués, el italiano o el francés, entre otras-.
«Experimenté una serie de momentos 'eureka' mientras descifraba el código, seguido de una sensación de incredulidad y emoción cuando me di cuenta de la magnitud del logro, tanto en términos de su importancia lingüística como de las revelaciones sobre el origen y el contenido del manuscrito», explica el académico para portal científico Phys.org.
Según Cheshire, aunque él se ha limitado solo a saber en qué idioma estaba escrito, las revelaciones de su contenido «son aún más sorprendetes que los mitos y fantasías que ha generado». Del manuscrito se ha dicho desde que era un tratado desde un herbario a un tratado alquímico. El investigador ha descubierto, por ejemplo, que el códice fue compilado por unas monjas dominicas como fuente de referencia para María de Castilla (reina de Aragón), que vivió entre 1401 y 1458, lo que coincidiría con las pistas aportadas por la prueba del carbono catorce, que datan el códice entre 1404 y 1438.
«Tampoco es exagerado decir que este trabajo representa uno de los desarrollos más importantes hasta la fecha en la lingüística románica. El manuscrito está escrito en proto-romance, ancestral de las lenguas romances actuales. El idioma utilizado era utilizado en el Mediterráneo durante el período medieval, pero rara vez estaba escrito en documentos oficiales o importantes porque el latín era el idioma de la realeza, la iglesia y el gobierno. Como resultado, el proto-romance se perdió del registro. Hasta ahora», indice el experto.


Aquí se muestra la palabra 'palina', que es una vara para medir la profundidad del agua. La letra 'p' ha sido extendida - Códice Voynich
Al ser un lenguaje extinto, su decodificación ha sido más complicada: «Su alfabeto es una combinación de símbolos tanto desconocidos como familiares. No incluye signos de puntuación, aunque algunas letras tienen variantes de símbolos para indicar puntuación o acentos fonéticos. Todas las letras están en minúsculas y no se reflejan las dobles consonantes. Incluye diptongos, trivalentes, cuadrifongos e incluso quintifongos para la abreviatura de componentes fonéticos. También incluye algunas palabras y abreviaturas en latín», indica en el estudio.

Controversia en las redes

Por supuesto, las voces críticas con el estudio de Cheshire no han tardado en aparecer. Lisa Fagin Davis, directora de la Medieval Academy of America, escribía a través de las redes sociales: «Lo siento, amigos, pero el 'lenguaje proto-románico' no es un concepto. Es solo una tontería ambiciosa».
Al portal especializado Ars Technica, la propia Fagis comenta que la teoría del académico británico «comienza con una teoría sobre lo que podría significar una serie particular de glifos, generalmente debido a la proximidad de la palabra a una imagen que cree que puede interpretar. Luego investiga cualquier número de diccionarios medievales en lengua románica hasta que encuentra una palabra que parece adaptarse a su teoría. Después argumenta que debido a que ha encontrado una palabra en lengua romance que se ajusta a su hipótesis, su hipótesis debe ser correcta. Sus "traducciones" de lo que es esencialmente incomprensible, una amalgama de múltiples idiomas, son en sí mismas aspiraciones en lugar de ser traducciones reales».

Descifrar todo el códice

El siguiente paso es utilizar este conocimiento para traducir todo el manuscrito y compilar un léxico, que Cheshire reconoce que llevará tiempo y financiación, ya que consta de más de 200 páginas. «Ahora que el lenguaje y el sistema de escritura ha sido descifrados, las páginas del manuscrito han sido abiertas para que los académicos exploren y revelen, por primera vez, su verdadero contenido lingüístico e informativo». Esperemos que no se tarde otro siglo.