Hunga Tonga, la isla que solo durará unos años

Nacida en 2015 de una erupción volcánica en el Pacífico sur, la NASA cree que es muy parecida a Marte

La isla volcánica de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai - NASA

La erupción fue espectacular. A finales de diciembre de 2014, un volcán submarino en el Reino de Tonga, en el Pacífico Sur, estalló violentamente enviando gran cantidad de vapor, cenizas y rocas al aire. La nube de material alcanzó los 30.000 pies de altitud (9 kilómetros), lo que incluso obligó a desviar los vuelos cercanos. Cuando esas cenizas se asentaron en enero de 2015, dieron lugar a una isla recién nacida con una cumbre de 120 metros, situada entre otras dos más antiguas.
La isla «bebé» fue bautizada de forma informal como Hunga Tonga-Hunga Ha'apai y, en principio, los científicos pensaron que duraría tan solo unos meses, pero un nuevo estudio de la NASA confirma que ha llegado para quedarse más tiempo, al menos entre seis y treinta años. Es efímera sí, pero persistirá lo suficiente para que los investigadores puedan estudiarla y sacar provecho de ella, especialmente porque creen que se asemeja mucho a los antiguos volcanes de Marte.

Vista desde la parte superior del cono de toba de la nueva isla de Tonga, en junio de 2017 - NASA/Damien Grouille/Cecile Sabau
La de Tonga, encaramada en el borde de la caldera de un volcán submarino a casi 1.400 metros sobre el fondo del mar, es la primera isla de su tipo en la era de los satélites modernos, lo que ofrece a los científicos una visión sin precedentes de su evolución. De esta forma, han podido comprobar cómo la erosión ha cincelado su perfil, desde la forma oval del principio a la apertura del lago existente en el cráter hacia el océano. En ese punto, los científicos pensaron que había llegado el final de la isla, pero imágenes satelitales posteriores mostraron que se había formado una barrera de arena, cerrando el cráter. Hunga Tonga siguió evolucionando y se hizo más estable a finales de 2016.
Cuál será su futuro es algo que todavía está por ver. El equipo ha calculado dos escenarios potenciales. El primero comprende una erosión acelerada por la abrasión de las olas, lo que desestabilizaría el cono de toba en seis o siete años, dejando solo un puente de tierra entre las dos islas adyacentes más antiguas. El segundo escenario supone una tasa de erosión más lenta, que deja el lugar intacto durante unos optimistas 25 o 30 años.

El precedente de Islandia

La de Tonga es, además, la tercera isla originada por una erupción surtseyana en los últimos 150 años que persiste durante más de unos meses. Se denomina así a las erupciones volcánicas que tienen lugar en aguas poco profundas, en honor a la isla de Surtsey, que nació de forma similar en la costa de Islandia en 1963. Esta del Pacífico pudo ser aún más grande. Los investigadores creen que su estabilidad puede residir en las dos islas continuas, que tienen un sustrato bastante resistente y ayudan a mantenerla en su lugar.
Pero, sobre todo, este lugar resulta fascinante por sus similitudes con los antiguos volcanes de Marte. «Todo lo que aprendemos sobre lo que vemos en Marte se basa en la experiencia de interpretar los fenómenos de la Tierra», explica Jim Garvin, científico jefe del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA en Greenbelt, Maryland. «Creemos que se produjeron erupciones en Marte en un momento en que había áreas de aguas superficiales persistentes. Podríamos utilizar esta nueva isla de Tonga y su evolución como una forma de probar si alguna de ellas representaba un entorno oceánico o un lago efímero», explica. A su juicio, los ambientes húmedos como estos combinados con el calor de los procesos volcánicos pueden ser lugares privilegiados para buscar evidencias de vidas pasadas. Tienen varias décadas para averiguarlo.


Visitan la extraña isla que la NASA vio surgir de la nada hace cuatro años

La expedición ha descubierto que Hung Tonga-Hunga Ha'apai, en el Pacífico sur, es diferente a lo que mostraban los satélites

En diciembre de 2014, un volcán submarino en el Reino de Tonga, en el Pacífico sur, estalló escupiendo al aire una enorme cantidad de rocas, cenizas y vapor. Los satélites captaron una nube de material de 30.000 pies de altitud (9 km) que obligó a desviar el tráfico aéreo en la zona. Unas semanas más tarde, en enero de 2015, esas cenizas se asentaron dando lugar a una nueva isla con una cumbre de 120 metros. La isla nació en medio de otras dos más antiguas y fue bautizada como Hunga Tonga-Hunga Ha'apai por el nombre combinado de sus vecinas. Casi cuatro años después, una expedición científica ha viajado a ese extraño mundo efímero y ha descubierto que es algo diferente a lo que se percibía en las imágenes satelitales.
La «isla bebé» de Tonga es bastante inusual. Es la tercera originada por erupción en los últimos 150 años que ha sobrevivido a la erosión de las olas del océano más de unos pocos meses. La mayoría desaparecen muy pronto, pero los investigadores creen que esta podrá durar entre seis y 30 años. Además, resulta fascinante porque su formación puede dar pistas sobre cómo los paisajes volcánicos interactuaban con el agua en el antiguo Marte.

La nueva isla volcánica (centro) vista desde un dron - Woods Hole
Dan Slayback, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, es uno de los investigadores que ha estado observando la nueva isla desde su nacimiento. Su objetivo es tratar de hacer un modelo 3D de su forma y volumen a medida que cambia con el tiempo para comprender cómo consigue ser tan resistente a la erosión del océano. Pero las imágenes de satélite no podían contárselo todo, así que se embarcó en una expedición para ver la isla con sus propios ojos, explican en un blog de la NASA.
A su llegada el pasado octubre el científico se encontró con algo inesperado. La isla resultó ser diferente a lo que creía. Las observaciones satelitales parecían mostrar que en su lado sur tenía playas poco profundas donde poder atracar. Sin embargo, las calas resultaron ser demasiado empinadas y las olas demasiado grandes para llegar con facilidad. Por este motivo, el equipo navegó por la costa del norte más tranquila y tomó mediciones GPS de la ubicación y elevación de las rocas y otras formaciones erosivas visibles en la imagen del satélite.

Un barro misterioso

«Todos parecíamos niños mareados», afirma Slayback sobre su visita. Pronto se dieron cuenta de que el terreno, cubierto por una molesta grava negra que les hacía daño al caminar, no era tan plano como parecía por satélite. También les llamó la atención la arcilla que sale del cono, de color claro y pegajosa. «No sabíamos realmente qué era, y todavía me desconcierta de dónde viene. Porque no es ceniza», señala. Además, los investigadores pudieron observar cómo la vegetación ha comenzado a echar raíces en el istmo que conecta la isla con su vecina, y los parches probablemente sembrados por excrementos de aves en el flanco del cono volcánico. Una lechuza hizo una aparición sorpresa (probablemente llegó de una de las islas más antiguas y con vegetación) y también pudieron verse cientos de charranes que se habían refugiado en los acantilados que rodean el lago del cráter.

Vegetación en el istmo plano de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai. El cono volcánico está en el fondo - Dan Slayback

Toda la isla se derrumba

Utilizando una unidad de GPS de alta precisión, los investigadores tomaron alrededor de 150 mediciones para tratar de averiguar cuál es la auténtica elevación de la isla. «Realmente me sorprendió lo valioso que era estar allí en persona para hacer esto», explica Slayback. Una característica que resultó reveladora fueron los profundos barrancos de erosión que corren por el lado del cono volcánico. «La isla se está erosionando por la lluvia mucho más rápido de lo que había imaginado. Nos centramos en la erosión en la costa sur, donde las olas lo están derrumbando, lo que está sucediendo. Pero toda la isla está cayendo. Es otro aspecto que queda muy claro cuando estás parado frente a estos enormes barrancos. Bueno, esto no estaba aquí hace tres años, y ahora tiene dos metros de profundidad», señala.

Los acantilados del lago del cráter - Dan Slayback
De vuelta en Goddard, los investigadores está procesando los nuevos datos y desarrollando un modelo 3D más realista de la isla, que usarán para averiguar su volumen y la cantidad de ceniza y material volcánico que brotó del respiradero a lo largo del borde de la caldera submarina abajo. Todavía quedan grandes preguntas, por ejemplo, cómo se ve el fondo marino poco profundo alrededor de la isla y si los procesos hidrotérmicos pueden solidificar el material y permitirle resistir la erosión durante las próximas décadas. Slayback espera volver el próximo año para encontrar más respuestas.



Dan Slayback, en la playa de Hunga Tonga-Hunga Ha'apai